El Cronista Deportivo
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sábado, julio 01, 2006

Y entonces se hizo de noche

Me he tomado unos días para escribir sobre la eliminación de España porque en caliente no hay reflexión que valga. Lo peor es que en frío sigo pensando lo mismo que en la grada preferente del estadio de Hannover, cuando el gol de Ribery hizo añicos nuestra consabida mandíbula de cristal hasta dentro de cuatro años.

César Nanclares Escudero - www.nanclymen.blogspot.com

Allí, al norte de Alemania, tras un viaje tetánico avión-tren de 10 horas, noté un escalofrío al filo del descanso. Ganábamos; por fin la Roja superaba a una selección grande como Francia; la afición coreaba el nombre de España con orgullo...

En eso llega Vieira, se inventa un pase en profundidad, Ribery corre, tira el amague, se va por la izquierda y la manopla de Casillas no alcanza... Todo el escaparate de cartón piedra construido por un ilusionado Aragonés en dos semanas, se viene abajo. Nosotros dejamos de cantar, la selección deja de jugar y como siempre, a casa antes de tiempo. El partido ¡estaba empatado! cuando marcó Ribery. Quedaba todo el tiempo del mundo. No perdíamos... pero nuestra caripela nos delató. Los franceses vieron en nosotros el habitual espejo de la derrota y se fini.

El carácter perdedor de la selección española de fútbol es histórico, preocupante y extensible a su afición. No sé si en Hannover la grada contagió al césped o fue al revés... Sólo aseguro que a partir del 1-1 temí lo peor. Las sensaciones eran horribles, la garganta quería gritar y no podía, los fantasmas del pasado pululaban por el terreno de juego. ¿Hasta cuándo esta penitencia injusta para un país pujante en el deporte mundial y al que sólo le falta un gran triunfo de su selección de fútbol?

Un equipo se retrata en las dificultades. Nuestra selección de fútbol lo lleva haciendo 50 años. La foto al final siempre sale movida, si es que sale... Recuerdo haber vivido algo parecido a lo del miércoles. Fue en Barcelona´92, en la final de waterpolo. Italia, el gran enemigo, nos quitó el oro en casa, tres prórrogas mediante y con el mejor jugador de la historia, Manel Estiarte, ahogado por las lágrimas en la piscina Picornell. En la piscina, sentado junto a mi hermano, tuve siempre el pálpito de que íbamos a perder... Cuatro años después, España se tomó la revancha y ganó el título olímpico, lejos de España y sin tanto favoritismo. Espero vivir el desquite futbolístico lo antes posible porque cada vez me cuesta más ilusionarme, preguntarme cómo será la sensación de ganar un Mundial. Siempre vivida por otros, Los Otros...

1 Comentarios:

Blogger guido dice...

Muy buena la visión tuya, comparto muchas ideas. Creo que debeis estar tranquilo por la gran camada de jovenes que tiene España, pero lastima que la revancha dentro de 4 años.

12:26 a. m., julio 03, 2006  

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