La empresa derriba al ángel caído
Cuenta John Carlin en su ensayo Los angeles blancos (2004. Ed. Seix Barral. 411 pag.), que Florentino Pérez y su alter ego “marketiniano”, José Ángel Sánchez, llegaron incluso a fantasear, en una noche de vino y rosas, con la posibilidad de alquilar la camiseta del Real Madrid para que cualquier “millonetis” cumpliera el sueño de jugar un partido en el once titular, entre zidanes y pavones, con el Bernabéu como testigo inigualable.César Nanclares Escudero - www.nanclymen.blogspot.com
Eran los tiempos del proselitismo florentiniano, cuando neófitos y futboleros de toda la vida veneraban al profeta del Nuevo Fútbol. No hace tanto de aquello, ni tan siquiera un lustro. Sánchez, entrevistado por Carlin, no dejaba lugar a la duda: “La resistencia de nuestro modelo en el Real Madrid es tal que se ha distanciado de la tiranía de los resultados. Esa resistencia viene en primer lugar del poder que tiene nuestro nombre de marca, pero también de la política de Florentino Pérez y por su empeño de fichar sólo a los mejores jugadores del mundo, a los que el mundo más desea ver en el campo. Si además de eso ganamos, pues tanto mejor. Ganar ayuda a reforzar esa mística”.
Desestimar la enigmática e indescifrable esencia del fútbol ha sido el mayor pecado de Florentino Pérez y su modelo, aún vigente con la entrega de poderes a Fernando Martín. Porque el fútbol es ante todo, y después de todo, un juego que no responde a las reglas del mercado, por mucho que se empeñen los nuevos gurús de la economía. El Real Madrid es el club más rico del mundo, el que más ingresos genera, el que suma más balones de oro en su plantilla… pero no el que más títulos gana en los últimos años. En el mercado global todos esos factores catapultarían al liderato absoluto a una empresa… en el fútbol, no. Una gran marca podría desbancar a su rival, casi con total seguridad, arrebatándole a sus empleados más brillantes… en el fútbol, no. Porque al fútbol juegan futbolistas que dependen, cada día más, de su estado físico, de la enorme presión mediática que soportan, de la compatibilidad con sus compañeros de equipo, del clima, del estado del césped, de innumerables detalles que ante la creciente igualdad del deporte profesional, pueden decidir la victoria y por tanto la derrota.
En el mundo de la empresa también intervienen muchos factores. El éxito sin embargo está ligado en mayor medida al capital. A mayor gasto en recursos, mayores posibilidades de triunfo. El fútbol, por tópico que resulte, acaba siendo un duelo cara a cara, siempre durante 90 minutos, entre el mismo número de efectivos por bando, personas con sus circunstancias vitales detrás y que tienen que rendir aquí y ahora, no valen aplazamientos.
El fichaje de David Beckham es paradigmático. Ningún jugador genera tanto dinero como él; ninguno es tan mediático ni explota mejor su imagen. Pero coincide que desde que su llegada al Real Madrid, el club sólo ha ganado una Supercopa de España. La culpa no es sólo suya, ni mucho menos, pero en cualquier campo mercantil sería impensable fracasar durante tres años en lo esencial – en el fútbol, lo deportivo - teniendo al mejor valor, sin discusión, del sector.
Florentino Pérez no se hubiera ido de no importar los resultados. El Real Madrid es grande por haber ganado más títulos europeos y de España que nadie. Aquel que priorice lo económico a lo deportivo se alejará tarde o temprano de la grandeza del fútbol: del gol, del triunfo, de la gloria.










